Hay un gran problema en el mundo. Un pragmático no tiene cabida. Es incomprendido, criticable, criticado y un poco odiado. Y yo soy uno de ellos.
El problema es que es recíproco. Tampoco comprendo al mundo, siento que espera críticas, le envío críticas y hasta lo odio un poco.
¿Por qué?
(Cuando digo mundo, me refiero a personas). Porque las relaciones humanas se rigen bajo un estándar frío, mecánico y de pronto pareciese que hay un guión o una norma para que las cosas funcionen. Típico: “haz esto”, “di lo otro”, “¿qué puedo hacer?”. Da lo mismo. Las respuestas siempre (Leer más)




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